¡Dios afirma tu camino! #NotasdelPastorMJ #Ameccda

En varios desiertos del medio oriente, incluyendo el desierto del Neguev (localizado al sur de Israel) habita un animal de la familia de las ciervas. Se le conoce a este animal como la Ibex Nubiana. Estos ejemplares son formidables en muchas maneras pero lo que les distingue es su capacidad para transitar en terrenos escarpados.

Dotados de unas pezuñas especiales, la Ibex es capaz de caminar en medio de peñascos con declives bien pronunciados, en ocasiones prácticamente sin ninguna superficie plana. Tal parece como si estuvieran suspendidas en el aire, expuestas a caer montaña abajo. Pero no solamente no se caen, sino que tienen la capacidad de correr por esas superficies y escalar a la cima de las montañas rocosas del desierto, sin ningún tropiezo o dificultad. Seguramente eso fue lo que vió el salmista un buen día para luego escribir las siguientes palabras:

Dios es el que me ciñe de poder, Y quien hace perfecto mi camino; Quien hace mis pies como de ciervas, Y me hace estar firme sobre mis alturas; Salmo 18:32-33

El salmista decía que Dios es capaz de afirmar nuestros pasos, de una manera similar a la de la Ibex Nubiana.

Aún en medio de los terrenos escarpados de nuestra vida, no tenemos que temer porque Dios no va a dejar que tropecemos ni caigamos al vacío. El nos va a afirmar sobre la roca.

Pero hay un solo inconveniente que tienen las Ibex Nubianas. Al vivir en una zona desértica, no hay abundancia de agua. Por esta razón, tienen que descender de las montañas para poder beber agua en el valle. Una vez descienden de las montañas son presa fácil para los depredadores, quienes no pueden subir a atacarles en la cima, más saben que tienen que bajar y les esperan para emboscarles. Es un riesgo alto para la Ibex Nubiana, pero uno necesario para poder tomar agua.

Es ahí donde se diferencia la analogía del salmista con la experiencia que debió haber visto en el desierto. El salmista declaró que Dios nos hace estar firmes sobre nuestras alturas. Lo que esto significa es que no tenemos necesidad de descender a los valles riesgosos de la vida para buscar provisión. No tenemos la necesidad de exponernos a peligros inminentes que puedan amenazar nuestra vida. Dios es nuestra provisión y nos va hacer caminar en las alturas, en donde aquello que amenaza con hacernos daño no nos puede tocar. ¡Bendita misericordia del Dios que nos afirma sobre la roca, que no deja que caigamos al vacío y que nos hace andar firmes, en nuestras alturas!

Pastor Mizraim Esquilín Carrero – #PastorMJ

 

 

Sopla el viento: nuestra identidad en Cristo es empoderada (II) #HeraldoDigital #Ameccda

¿Quiénes somos en Cristo Jesús? Luego del paréntesis de la Semana Santa, retomamos el análisis del tema de la identidad del creyente en Cristo Jesús. Este tema es sin duda alguna uno de los más importantes en las Sagradas Escrituras. Esto es así porque en el momento en que aceptamos que Jesucristo es nuestro Señor y Salvador, inmediatamente somos comprados a precio de la sangre derramada por nosotros en la Cruz del Calvario.

En nuestra reflexión anterior sobre este tema, analizamos las implicaciones que hay en el concepto imagen de Dios (“imago dei”). Vimos allí que hay varias posibles interpretaciones de lo que esto significa. Argumentamos en esa reflexión que algunos teólogos concluyen que el “imago dei” trata de una visión representativa, otros asumen que es una visión relacional, mientras los últimos concluyen que se trata de una visión funcional. En esa reflexión también analizamos cómo es que el pecado dañó esa imagen.

En palabras del siempre recordado Dr. Cecilio Arrastía; “El pecado dañó el “imago dei” y sólo el sacrificio de Jesús en la Cruz del Calvario lo puede reparar. El Dr. Cecilio Arrastía decía que esto es así porque el pecado deshumaniza y solo la Cruz devuelve la dignidad. El pecado envilece y la Cruz restaura. El pecado descompone y la Cruz transforma. El pecado enajena y la Cruz reconcilia. El pecado entenebrece y la Cruz ilumina. El pecado nos hace mirar la bajeza y la Cruz nos hace mirar al cielo. Nada como la Cruz para devolvernos las esperanzas y el “imago dei”.” Esto es así porque en la Cruz se trabaja la agenda celestial, la agenda de la reconciliación.” (El Heraldo, Abril 2, 2017)

Es el Apóstol Pablo el que señala que una vez tomamos la decisión de aceptar el señorío y la salvación que hay en Cristo Jesús, el cielo ha arreglado que seamos sellados como propiedad celestial. Esto lo hace el Espíritu Santo.

13 Gracias a Cristo, también ustedes que oyeron el mensaje de la verdad, la buena noticia de su salvación, y abrazaron la fe, fueron sellados como propiedad de Dios con el Espíritu Santo que él había prometido. 14 Este Espíritu es el anticipo que nos garantiza la herencia que Dios nos ha de dar, cuando haya completado nuestra liberación y haya hecho de nosotros el pueblo de su posesión, para que todos alabemos su glorioso poder. ​(Dios Habla Hoy)

​Este procedimiento se lleva a cabo porque la sangre de Cristo nos transforma en nuevas criaturas. Esta es la tesis paulina que se esgrime en 2 Corintios 5:17.
Ahora bien, la Biblia está llena de porciones escriturales que se encargan de informarnos cuáles son las características de esa nueva criatura. En otras palabras, son porciones que nos permiten conocer cómo queda definida nuestra identidad en Cristo una vez decidimos vivir bajo la sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. A continuación algunas de esas porciones de las Sagradas Escrituras:

Somos de Dios / 1 Jn 4:4-6

4 Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. 5 Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. 6 Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

No estamos en tinieblas porque somos de la luz / 1 Tes 5:4-5

2 Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; 3 que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. 4 Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. 5 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. 7 Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. 8 Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo.

Somos uno en Cristo Jesús y herederos de la promesa / Gal 3:28-29

28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

Somos hijos e hijas de Dios y templo del Dios viviente / 2 Cor 6:16-18

16 Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. 17 Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, 18 Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

Somos el cuerpo de Cristo / 1 Cor 12:27-28

27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. 28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.

Somos templo del Espíritu Santo / 1 Cor 6:19-20

19 O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Somos labranza y edificio de Dios / 1 Cor 3 :9

9 Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.

Somos sal de la tierra y luz del mundo / Mt 5:13-14

13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. 14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

Somos hechura (“poiema”)”suya / Efe 2:10

10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Estamos sentados con Cristo en lugares celestiales / Efe 2:5-6

5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

Somos ciudadanos del cielo / Fil 3:20-21

20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

Somos familia de la fe / Gal 6:10

10 Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

Somos pueblo de Dios que ha alcanzado misericordia / 1 Ped 2:10

10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

Es obvio que hay muchos cristianos que no parecen estar disfrutando de los frutos y las bendiciones que están encerradas en estas verdades bíblicas. Estos versículos nos obligan a reiterar que hace falta un avivamiento para que la Iglesia del Señor sea empoderada en su identidad. (1 Pedro 2:10).

Recordemos lo que dice el Apóstol Pedro:

9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.  1 Ped 2:9

 

Pastor Rector Mizraim Esquilín

 

 

¿Qué está formando Dios en ti? #NotasdelPastorMJ #Ameccda

En años recientes varios medios de comunicación como Discovery y la BBC se han dado a la tarea de preparar filmes acerca de la flora y la fauna en distintos puntos de nuestro planeta. Estos videos los hacen ahora con lentes especiales y cámaras con las más altas resoluciones, capaces de enfocar la pupila del ojo de un insecto en medio de un desierto. Me he vuelto un seguidor asiduo de estos documentales porque suelen brindar una perspectiva real y distinta acerca de la creación de Dios y muestran detalles que antes eran desconocidos y que ofrecen grandes enseñanzas.

Uno de esos documentales investigaba de cerca las formaciones de islas en mar abierto, producto de la actividad volcánica. Es impresionante ver esas explosiones surcando los aires, acompañadas de destellos de fuego. Ríos de lava comienzan a correr y luego a endurecerse, produciendo nuevas formaciones geológicas. De primera instancia parece un cuadro infernal que luego se convierte en lugar de desolación una vez todas las explosiones llegan a su fin. No obstante, está comprobado científicamente que muchos de los terrenos más fértiles son producto de actividades volcánicas. A lo largo y a lo ancho del planeta, en lugares como el oeste de los Estados Unidos, Italia y las Islas Canarias (entre otros) hay viñedos muy prominentes y con fruto de la más alta calidad cuyo terreno es volcánico.

Es una enseñanza poderosa la que nos brinda la creación de Dios. En ocasiones, las temporadas de terrenos fértiles y de fruto son precedidas por temporadas que pueden parecer muy difíciles. Hay eventos que pueden parecer cataclísmicos, cuadros de destrucción y de desolación que amenazan nuestra vida. No obstante, aquello que parece contrario, Dios lo puede tornar en bendición, transformando nuestra vida en un terreno fértil, en donde pueda germinar el fruto de la más alta calidad.

¿Te encuentras en medio de una temporada difícil? ¿Parecería que a tu alrededor lo que hay es un ambiente de caos y de destrucción?

Te invito a preguntarte, ¿Qué está formando Dios en ti? Seguramente Dios no está permitiendo estas cosas para tu destrucción sino para convertirte en un terreno fértil, para convertirte en alguien que sea capaz de dar buen fruto. Confía; los tiempos de “erupciones volcánicas” van a llegar a su fin y van a dejar consigo un lugar donde la semilla del cielo va a caer y de seguro va a germinar el mejor fruto en ti.

16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;  2 Cor 4:16-17

 

Pastor Mizraim Esquilín Carrero – #PastorMJ

 

 

Hay mucho más en la resurrección de Jesús #HeraldoDigital #Ameccda

El año 1992 se vistió de gala con la llegada de un libro publicado por el Dr. Elmer Towns; “Foundational Doctrines of the Faith” (Elkton, Maryland: Ephesians Four Ministries, 1992). Sin duda alguna, este libro de ensayos se ha convertido en uno de los mejores generadores de bosquejos de teología sistemática que ha conocido la Iglesia de la posmodernidad. Son magistrales las formas y maneras con las que el Dr. Towns se acerca a analizar y presentar cada uno de los postulados centrales de nuestra fe.

Sin embargo, es el tema de la resurrección de Jesús uno de mis favoritos. Tengo que confesar que mi opinión puede estar afectada por varias cosas. En primer lugar, por el respeto que le tengo a este extraordinario teólogo. En segundo lugar, por el estilo de su presentación, que muy bien está matizado por estructuras que parecen haber sido extraídas del campo de las ciencias puras.

Para Towns es obvio que el milagro de la resurrección de Jesús ocupe el mismo centro del corazón del Evangelio. Las aseveraciones acerca de Aquél que fue crucificado y que resucitó al tercer día, están validadas por la pluralidad de apariciones masivas y testimonios de aquellos que compartieron tareas y experiencias diarias con él durante 40 días después de su resurrección.

Pero el Dr. Towns hace algo magistral cuando decide discutir el milagro de la resurrección de Jesús destacando aspectos que van mucho más allá de la resucitación de un cuerpo. He aquí un resumen del trabajo que presenta Towns, acompañado de algunas notas editoriales.

  1. La resurrección de Jesucristo involucra y conecta la vida de Cristo con la renovación de la vida que no tiene final, porque la muerte no podía retenerlo ni dominarlo.

Leemos lo siguiente en Hch 2: 23-24,

RV (1960)

23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; 24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.

Palabra de Dios para Todos (PDT)

23 Él les fue entregado, conforme al plan de Dios, quien ya sabía lo que iba a pasar. Ustedes lo mataron por medio de hombres perversos, clavándolo en la cruz. 24 Jesús sufrió el dolor de la muerte, pero Dios lo liberó: lo resucitó porque la muerte no podía retenerlo.

Dios Habla Hoy (DHH)

23 Y a ese hombre, que conforme a los planes y propósitos de Dios fue entregado, ustedes lo mataron, crucificándolo por medio de hombres malvados. 24 Pero Dios lo resucitó, liberándolo de los dolores de la muerte, porque la muerte no podía tenerlo dominado.

  1. La resurrección de Jesucristo facilita la conexión, la reunión del cuerpo con el espíritu. Dios había prometido que no permitiría que el cuerpo de Su Santo se descompusiera en la tumba.

Leemos lo siguiente en Hch 2:25-27:

RV

27 Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.

PDT

25 David dice esto sobre Jesús: “Yo vi al Señor siempre delante de mí, y él está a mi derecha para protegerme. 26 Estoy feliz y hablo lleno de alegría. Todavía tengo esperanzas, 27 porque no me dejarás en el lugar de los muertos [c] ni permitirás que el cuerpo de tu Santo se pudra en el sepulcro.

DHH

25 El rey David, refiriéndose a Jesús, dijo: “Yo veía siempre al Señor delante de mí; con él a mi derecha, nada me hará caer. 26 Por eso se alegra mi corazón, y mi lengua canta llena de gozo. Todo mi ser vivirá confiadamente, porque no me dejarás en el sepulcro  ni permitirás que se descomponga el cuerpo de tu santo siervo.

  1. La resurrección de Jesucristo sometió a la muerte bajo la autoridad del Hijo de Dios.

Leemos lo siguiente en 1 Cor 15:54-58:

RV

54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.55 Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?  56 Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. 58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. 

PDT

54 Cuando lo que se pudre se vista con lo que nunca se pudre, y cuando lo que muere se vista con lo que nunca muere, entonces lo que dice la Escritura se hará realidad: «La muerte ha sido devorada por la victoria. [f] 55 Muerte, ¿dónde está tu victoria? Muerte, ¿dónde está tu aguijón?» [g] 56 El aguijón de la muerte es el pecado. El poder del pecado es la ley. 57 Pero demos gracias a Dios que nos ha dado la victoria a través de nuestro Señor Jesucristo. 58 Por lo tanto, hermanos, permanezcan firmes y no dejen que nada los haga cambiar. Dedíquense totalmente a trabajar para el Señor, bien saben que su trabajo no es en vano.

  1. La resurrección de nuestro Salvador regresó a Jesús al lugar de gloria que era suyo y a la función de eterno Sumo Sacerdote. Esto es, Jesucristo puede ser sacerdote eternamente porque la muerte no lo puede separar de su gloria ni de sus funciones.

Leemos lo siguiente en Heb 7:23-24:

Traducción en lenguaje actual (TLA)

23 Antes tuvimos muchos sacerdotes, porque ninguno de ellos podía vivir para siempre. 24 Pero como Jesús no morirá jamás, no necesita pasarle a ningún otro su oficio de sacerdote. 25 Jesús puede salvar para siempre a los que, por medio de él, quieren ser amigos de Dios. Pues vive eternamente, y siempre está pidiendo a Dios por ellos.

PDT

23 Igualmente, había muchos sacerdotes porque cuando uno de ellos moría, no podía seguir en su cargo. 24 Pero Jesús vive para siempre, nunca dejará de ser sacerdote. 25 Entonces puede salvar para siempre a los que vienen a Dios por medio de él, pues vive para siempre y está listo para ayudarlos cuando se presenten ante Dios.

DHH

23 Los otros sacerdotes fueron muchos porque la muerte les impedía seguir viviendo; 24 pero como Jesús no muere, su oficio sacerdotal no pasa a ningún otro. 25 Por eso puede salvar para siempre a los que se acercan a Dios por medio de él, pues vive para siempre, para rogar a Dios por ellos.

La resurrección de Jesús es lo que valida la canción que se canta en Apocalípsis 5:7-18.

  1. La resurrección de Cristo es el fundamento por el que Él otorga vida espiritual a los creyentes.  Su resurrección garantiza nuestra resurrección y que podemos vivir una nueva vida.

Leemos lo siguiente en Rom 6:4            

RV

3 O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?  4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. 5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;

TLA

Ustedes bien saben que, por medio del bautismo, nos hemos unido a Cristo en su muerte. Al ser bautizados, morimos y somos sepultados con él; pero morimos para nacer a una vida totalmente diferente. Eso mismo pasó con Jesús, cuando Dios el Padre lo resucitó con gran poder.Si al bautizarnos participamos en la muerte de Cristo, también participaremos de su nueva vida.

PDT

No olviden que todos los que fuimos bautizados en Jesucristo nos unimos a él en su muerte. Cuando fuimos bautizados, también fuimos enterrados con Cristo y así compartimos su muerte para que así como Cristo resucitó por el gran poder del Padre, nosotros también andemos de acuerdo a la nueva vida. Así que si fuimos unidos a Cristo en una muerte como la de él, también nos uniremos con él en su resurrección.

  1. Jesucristo resucitó con un cuerpo glorificado

Leemos lo siguiente en  1 Cor. 15:42-44:

RV

42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.  43 Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. 44 Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.

DHH

42 Lo mismo pasa con la resurrección de los muertos. Lo que se entierra es corruptible; lo que resucita es incorruptible. 43 Lo que se entierra es despreciable; lo que resucita es glorioso. Lo que se entierra es débil; lo que resucita es fuerte. 44 Lo que se entierra es un cuerpo material; lo que resucita es un cuerpo espiritual. Si hay cuerpo material, también hay cuerpo espiritual.

TLA

42 Así pasará cuando los muertos vuelvan a la vida. 43 Cuando alguien muere, se entierra su cuerpo, y ese cuerpo se vuelve feo y débil. Pero cuando esa persona vuelva a la vida, su cuerpo será hermoso y fuerte, y no volverá a morir. 44 Se entierra el cuerpo físico, pero resucita un cuerpo espiritual. Así como hay cuerpos físicos, hay también cuerpos espirituales.

Towns concluye esta exposición enumerando los beneficios que obtenemos a través de la resurrección de Jesucristo.

  1. Vida Eterna (Rom. 6:23)

22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

  1. Poder espiritual (Eph. 1:19–20)

18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza,

20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales,

  1. Justificación (Rom. 4:25)

23 Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, 24 sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, 25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

  1. Resurrección futura (1 Cor. 15:12-20)

DHH

12 Pero si nuestro mensaje es que Cristo resucitó, ¿por qué dicen algunos de ustedes que los muertos no resucitan? 13 Porque si los muertos no resucitan, entonces tampoco Cristo resucitó; 14 y si Cristo no resucitó, el mensaje que predicamos no vale para nada, ni tampoco vale para nada la fe que ustedes tienen. 15 Si esto fuera así, nosotros resultaríamos ser testigos falsos de Dios, puesto que estaríamos afirmando en contra de Dios que él resucitó a Cristo, cuando en realidad no lo habría resucitado si fuera verdad que los muertos no resucitan. 16 Porque si los muertos no resucitan, entonces tampoco Cristo resucitó; 17 y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes no vale para nada: todavía siguen en sus pecados. 18 En este caso, también están perdidos los que murieron creyendo en Cristo. 19 Si nuestra esperanza en Cristo solamente vale para esta vida, somos los más desdichados de todos. 20 Pero lo cierto es que Cristo ha resucitado. Él es el primer fruto de la cosecha: ha sido el primero en resucitar. 21 Así como por causa de un hombre vino la muerte, también por causa de un hombre viene la resurrección de los muertos.

  1. Una nueva identidad para el creyente porque somos unidos a Cristo para vivir una vida victoriosa

Leemos lo siguiente en Gal. 2:19-20:

PDT

19 Ya no vivo para la ley, pues he muerto para ella. La ley misma me mató, pero al morir para la ley, puedo ahora vivir para Dios. Es como si yo mismo hubiera sido clavado en la cruz con Cristo. 20 Ahora ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y mientras vivo en este cuerpo, vivo por fe en el Hijo de Dios, [c] quien me amó y entregó su vida para salvarme.

DHH

19 Porque por medio de la ley yo he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo he sido crucificado, 20 y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por mi fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí.

Hoy celebramos que Jesucristo nuestro Señor y Salvador es el vencedor de la muerte. Celebramos que su resurrección ha sido demostrada en la Biblia con pruebas indubitables (Hchs 1:3, que no admiten duda alguna). Celebramos que Su victoria es nuestra victoria. Además, celebramos que podemos disfrutar de todos estos beneficios aleatorios a su resurrección de entre los muertos. Celebramos que hay mucho más en la resurrección de Jesús.

            ¡Hoy celebramos que Cristo nuestro Señor y Salvador está vivo!

 

Pastor Rector Mizraim Esquilín

 

 

Salvación por Su sangre #NotasdelPastorMJ #Ameccda

Esta semana celebramos la pasión de nuestro Señor Jesucristo, desde su entrada triunfal a Jerusalén, hasta su muerte y resurrección. Cada día de esta semana tiene su propio matiz y su propia experiencia. Recuerdo desde pequeño ir a acompañar a mi Papá a múltiples iglesias donde le invitaban a exponer la Palabra de Dios. Cada iglesia tenía sus tradiciones y cada iglesia invertía sus mejores esfuerzos para garantizar un programa que fuera más allá de lo usual, con el fin de ganar almas para Cristo.

Es una gran verdad, que en Semana Santa las personas tienden a estar más sensibles a la palabra de Dios, tal vez por las tradiciones, tal vez por valores impuestos desde la crianza o tal vez porque realmente reconocen la necesidad que tienen de un salvador. Lo cierto es que todos tenemos esa necesidad, todos necesitamos un salvador. Todos tenemos un espacio en nuestro corazón que solo puede ser llenado por Cristo y precisamente porque está hecho a la medida de Cristo, nada ni nadie más lo puede llenar. Entonces nos toca a cada uno aprovechar estos días para afirmarnos más en Dios.

Puede ser que esta semana te acerques a una iglesia sin haber tenido una experiencia previa con Jesús. Puede ser que llegues por invitación o porque a de modo propio sientas hacerlo. De cualquier forma, te invito a que le des una oportunidad al Salvador. No dejes pasar esta ocasión y recibe Jesús en tu corazón. Este es tu tiempo y te aseguro no te vas a arrepentir.

En cambio puede ser que esta semana te acerques a alguna iglesia, habiendo tenido ya una experiencia con Cristo. En algún punto, las luchas del camino provocaron que te apartaras de la senda que habías elegido. Aún así, bien en lo profundo reconoces que tienes la necesidad de una nueva experiencia con Jesús. No dejes pasar esta oportunidad. Vuelve a los brazos de Jesús y deja que su amor te inunde. Su amor puede triunfar sobre cualquier experiencia que te haya separado de El. Este es tu tiempo y te aseguro no te vas a arrepentir.

Puede ser que esta semana seas de aquellos que con regularidad asisten a la iglesia, conoces de Dios, le amas y deseas seguirle. Esta semana puede ser para ti un tiempo para afirmarte en Jesús, afirmarte en su Palabra, afirmar tus compromisos con El y encaminar tus pasos a una senda que producirá mayor fruto en ti. No dejes pasar esta oportunidad. Este es tu tiempo y te aseguro no te vas a arrepentir.

Celebremos juntos este tiempo especial en donde reconocemos el regalo más grande que hemos recibido; nuestra salvación por medio de la sangre de Cristo.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16

 

Pastor Mizraim Esquilín Carrero – #PastorMJ

 

Hay poder en Su sangre #HeraldoDigital #Ameccda

En ocasiones anteriores hemos reflexionado acerca de los resultados, las bendiciones y  beneficios que se obtienen mediante la sangre que Jesús derramó en la Cruz del Calvario. Hemos visto allí que el sacrificio de nuestro Señor y Salvador nos obliga a trabajar con los roles de Jesucristo como Dios encarnado, como Creador, como Salvador y como Sumo Sacerdote.

En esas reflexiones fuimos ayudados por materiales publicados por Andrew Murray[1] en el siglo 19.  Allí pudimos analizar algunos de los beneficios que propicia la sangre de Jesús:

  • Permite que Jesús entre al Lugar Santo (Heb 9:12)
  • Limpia nuestras conciencias (Heb 9:14)
  • Nos limpia de todo pecado (1 Jn 1:7)
  • Nos permite entrar al Santo Lugar (Heb. 10:19)
  • Convierte a Jesús en Mediador del Nuevo Pacto (Heb 12:24)
  • Nos santifica (Heb 13:12)
  • Garantiza la resurrección (Heb 13:20)
  • Garantiza la propiciación (Rom 3: 24-25).
  • Nos justifica (Rom 5:9)
  • Nos devuelve la Comunión con Dios (1 Cor 10:16)
  • Nos reconcilia con Dios (Gal 6:14; Col 1:20; 2 Cor 5:19)
  • Trae redención (Efe 1:7)
  • Nos acerca a Dios (Efe 2:13)
  • Nos rescata de la manera en que vivimos (l Ped 1:18-19)

Estas son solo algunas de las bendiciones que obtenemos a través de la sangre que Jesús derramó por nosotros en la Cruz del Calvario.

Al final de esas reflexiones nos formulamos una pregunta muy importante; ¿qué poder hay en esa sangre?  Sabemos que la sangre que Jesús derramó le permite ganar a la Iglesia como propiedad suya (Hch 20:28). Esta es entonces además de una manifestación del amor de Dios, una manifestación de su poder. Esto es así porque coloca el derramamiento de la sangre de Jesucristo como la revelación del Amor de Dios, pero al mismo tiempo como la herramienta celestial para imprimirnos el carácter del Padre y facilitar nuestra preparación para estar junto a Él por toda la eternidad.

Reiteramos que los seres humanos estábamos desprovistos de todas las capacidades para presentarnos ante la Presencia de Dios y apelar nuestra salvación. No existe cosa alguna que pudiéramos haber hecho para colocarnos al mismo nivel de la santidad y de la majestad del Eterno. Por lo tanto, esa sangre tiene que manifestar un poder transformador. Reiteramos que no podíamos obviar la justicia de Dios. Mas sin embargo, Dios resuelve este dilema prometiéndonos que para llegar a esa reunión celestial, lo único que necesitamos es estar cubiertos por la sangre que derramó su Hijo en la Cruz del Calvario.

¿Qué poder tiene esa sangre? Ya sabemos que esa sangre tiene el poder de convertirnos en seres humanos nuevos delante del Trino Dios. Esa sangre produce un nuevo nacimiento; nos convierte en nuevas criaturas. Del análisis que hicimos de los trabajos escritos por Karl Barth[2] aprendimos que solo desde la Cruz de Cristo podemos ser capaces de comprender la verdad y el significado de Su resurrección.

Vimos allí que la fe desde la Cruz nos permite creer en lo nuevo que Dios ha prometido y ha desarrollado para nosotros. O sea, que no se puede entender la resurrección de Jesús sin haber aceptado Su sacrificio en la Cruz. Vimos que esa sangre genera una nueva oftalmología espiritual.

La Cruz de Cristo nos hace estudiar y analizar lo que vemos a la luz de la sangre derramada por el Verbo encarnado. Esto nos lleva a concluir que acercarse a la Cruz de Cristo nos permite desarrollar una fe capaz de permanecer intacta, sin importar aquello que nos pueda estar ocurriendo.

Dado que es la sangre de Cristo la que nos justifica, y dado el hecho de que Jesucristo es Dios encarnado y el carácter de la “hupóstasis” (Heb 1:3) del Padre, entonces nuestra fe está centrada en Dios. Esta es una afirmación, decía Barth, de que podemos mantener a pesar de los tiempos de tribulación o de dolor que podamos experimentar.

Por otro lado, la Paz de Dios prometida por la justificación que produce esa sangre (Rom 5:1), esa paz sobre la que el creyente se pone de pie por fe, no puede ser contradicha por tribulaciones humanas. Esa paz no puede ser contradicha por calamidades ni por disoluciones del hombre exterior (2Cor 4:16) que puedan querer afectar nuestro ser interior. Ella tampoco puede ser contradicha por lo que San Pablo llama “tanatos en hemin energetai” (la energía de la muerte; 2 Cor 4:12), ni por conflictos, luchas o temores  (2 Cor 7:5) ni por las presiones provocadas por los enemigos que encontramos en el camino. Esa sangre derramada por Jesucristo nos hace saber que no tenemos que ser fuertes; tan solo debemos creer.

O sea, que esa sangre genera fe y confianza en las promesas de Dios. Esa sangre tiene el poder para mantener mi fe en alto aún medio de las situaciones más adversas que podamos enfrentar.

No hay espacio para experimentar esto fuera de esa sangre. Es inútil anhelar experimentar esta libertad y esta paz lejos de la redención que ofrece la sangre de Cristo. Es más, no existe cosa alguna del mensaje de Jesús o de su personalidad, de sus sermones, de sus milagros ni de sus promesas que puedan ser considerados por sí solos. Los milagros y las promesas poseen el valor que tienen a la luz de la muerte de Jesucristo en la Cruz del Calvario. Todo brilla en la luz de Su muerte y de Su resurrección.

La pregunta sigue sobre la mesa: ¿qué poder tiene esa sangre? Esa sangre tiene el poder de derrotar los poderes de las tinieblas. La Biblia dice Jesús participó de la muerte para destruir al que tenía el imperio de la muerte, al diablo (Heb 2:14). Así también lo expresa Pablo en Colosenses 2:13-15. Fue en la Cruz que Cristo derrotó a los principados y a las potestades que nos amenazan. Fue en la Cruz, con su sangre, que Cristo le quitó el poder de las manos a los agentes del mal. Esa sangre no concede esa victoria.

Ya hemos visto que esa sangre tiene el poder para vencer la muerte. Es necesario entender que la muerte fue vencida por la resurrección de Jesús, pero también por la sangre de Cristo. La Biblia dice que la muerte entró al mundo por el pecado (Rom 5:12). Sabiendo esto, podemos concluir que cuando la sangre de Cristo derrota al pecado, al mismo tiempo está derrotando el poder de la muerte. Antes del sacrificio de Cristo en el Calvario la muerte era considerada como un enemigo que nos alejaba de Dios. Desde el sacrificio del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, la muerte ha sido aplastada por el poder de la resurrección y tan solo sirve para llevarnos a los mimos brazos del Padre celestial.

La sangre derramada por Jesús en la Cruz del Calvario tiene el poder para permitirnos entrar al Lugar Santísimo sin necesidad de intermediarios. La Biblia afirma esto en Heb 10: 19-22:

19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,  21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

Es por esto que podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia sabiendo que hallaremos socorro oportuno (Heb 4:16)

Esa sangre tiene el poder para abrir la tumba y para hacernos aptos para realizar todo aquello que es bueno y correcto ante los ojos de Dios. Leemos la siguiente expresión bíblica acerca  de esta aseveración:

20 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, 21 os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.  Heb 12:20-21

Esa sangre es poderosa, hay garantía de que el pecado es derrotado, la muerte ha sido vencida y podemos vivir vidas correctas haciendo la voluntad de Dios.

Esa sangre tiene el poder de limpiar nuestras conciencias de todas aquellas aberraciones y malas conductas que desarrollamos a causa de nuestro pecado. Leemos esto en Heb 9: 13-14:

13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, 14 cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? (énfasis del escritor)

La sangre de Cristo tiene el poder de comunicar, de hablar acerca de la redención y el perdón de pecados (Heb 12:24). Esa sangre tiene el poder de hacer la paz (Col 1:20) y de hacernos cercanos al Padre (Efe 2:13). Es a través de esa sangre que Jesús como Mediador del Nuevo Pacto desarrolla su plan salvífico sin interrupción alguna. Andrew Murray decía que el Trono de la Gracia le debe su existencia al poder que tiene la sangre del Salvador del mundo.

Estamos convencidos de que hay una manifestación de poder que sobrepasa a todas las anteriores.

Se trata del poder que posee esa sangre para transformar el corazón y el alma de todo ser humano que se acerca a Jesucristo para aceptarle como Salvador y Señor. El poder que posee la sangre de Cristo no solo salva, perdona y reconcilia, sino que nos transforma. El que está en Cristo, el que está bajo el poder de esa sangre es transformado en una nueva criatura (2 Cor 5:17); todo en él o en ella es hecho nuevo.

La operación de ese poder se desarrolla mediante el proceso de rescate. El Apóstol Pedro nos dice que la sangre preciosa de Cristo nos rescató de nuestra manera vana de vivir (1 Ped 1:18-19). Ese concepto, “rescatar,” implica que había un estado de esclavitud que necesitaba ser desecho y unas cadenas que tenían que ser hechas pedazos. El proceso de emancipación no era uno fácil  porque satán era el dueño de los esclavos. Ese antiguo dueño no solamente perdió a sus esclavos mediante la sangre de Cristo sino que su poder para esclavizar fue anulado y derrotado en la Cruz del Calvario.

Murray argumenta que la redención alcanzó su clímax comenzó cuando se escuchó la proclama, “consumado es” (Jn 19:28-30). Esa sangre abre el espacio para que seamos sellados como propiedad de Dios (Efe 1:14; 4:30).

La mente del ser humano es muy finita y pequeña para poder comprender la naturaleza del poder que posee la sangre de Cristo. La Biblia dice que el poder de la vida está en la sangre. La Biblia dice la vida de la carne está en su sangre (Lev 17:11). O sea, que el valor de la sangre corresponde al valor de la vida que la posee. Es por esto que en la antigüedad el pueblo de Israel tenía diferentes tipos de sacrificios. Esto es, según la naturaleza del pecado cometido, así era requerido el tamaño y la clase de sacrificio que había que ofrecer (Lev 3:3-27).

La sangre que Jesucristo derrama en la Cruz del Calvario es la sangre del Hijo de Dios, la sangre de la segunda persona de la Trinidad, la del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Esa sangre derramada en la Cruz es la sangre de la imagen misma de la sustancia de Dios (Heb 1:3). Esa sangre posee la misma vida de Dios. Y la vida del Dios omnipotente posee un poder omnipotente.

Es por esto que hay poder en su sangre; porque es el Hijo de Dios ofreciéndose voluntariamente por nosotros en la Cruz.

Esa sangre nunca ha perdido su poder para salvar, para perdonar, para restaurar, consolar, sanar y transformar a todos aquellos que aceptamos que Jesucristo es el Señor y el Salvador de nuestras vidas.

            ¡Hay poder ilimitado en la sangre de Cristo!

 

Pastor Rector Mizraim Esquilín

 

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[1] Andrew Murray. “The Power of the blood of Jesus.” Start Publishing. Kindle edition

[2] Análisis y discusión del capítulo 5 de la Epístola a los Romanos

Sopla el viento: nuestra identidad en Cristo es empoderada (II) #HeraldiDigital #Ameccda

Nota editorial: Esta reflexión sirve como un mapa de trabajo para las reflexiones Pastorales que estaremos compartiendo durante las próximas semanas.

El tema de la identidad del ser humano es uno de los más importantes en las Sagradas Escrituras.  Son muchas las razones que sustentan la relevancia de este tema. Una de ellas es la necesidad de hacerle saber al ser humano que este, como corona de la creación, fue hecho a la imagen de Dios. Esa frase coloca al ser humano por encima de todas las otras criaturas hechas por Dios.

El “imago dei” (Gn 1:26) se ha convertido en uno de los temas bíblico-teológicos de investigación más profundos e intensos. El texto hebreo dice “Va yo mer Elohím na a sé adam be tzal ménu kid muténu” (“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza;…”). Otras porciones de las Sagradas Escrituras afirman esta declaración (Gn 9:5-6; Sal 8; 1 Cor 11:7; Santiago 3:9).

Las discusiones que esta expresión ha generado a través de los siglos han llenado miles de estantes en bibliotecas alrededor del mundo. Muchos de estos análisis son sólidos y ayudan a nuestra comprensión de la fe. Otros, a veces parecen chocar unos contra otros sin ánimo de querer reconciliar sus posiciones.

Por ejemplo, Wayne Grudem[1] argumenta que los conceptos “imagen” (“tselem”, H6754) y “semejanza” (“demuth”,H1823) recogen la idea de algo que es similar, que lo representa, pero que no es idéntico.  Bruce Ware[2] destaca que la “imagen de Dios en el ser humano envuelve la función de representar a Dios y llevar a cabo unas responsabilidades designadas por Dios. Por otro lado, Anthony A. Hoekema[3] destaca que esa frase no describe algo que el ser humano posee sino algo que el ser humano es.

Estas son solo algunas de las discusiones que se han desarrollado y que son “fáciles de entender”. Dentro de las complicadas están las posiciones de las tres (3) ramas que componen la cristiandad; la Iglesia Ortodoxa Oriental, la Iglesia Católica Romana y el Protestantismo. Cuando las analizamos nos percatamos que los escritores antes mencionados pertenecen o escriben desde alguna de estas “trincheras.” Hay que advertir que todas estas posiciones tienen sus fortalezas y sus debilidades.

Por ejemplo, algunos concluyen que el “imago dei” trata de una visión representativa, otros asumen que es una visión relacional, mientras los últimos concluyen que se trata de una visión funcional. Las discusiones aleatorias a estas tres (3) visiones son extensísimas. La verdad es que los seres humanos no tenemos la capacidad para comprender la totalidad de lo que hay en esta aseveración divina.

Lo que ninguna de las posiciones teológicas que existen puede soslayar, es que ese “imago dei” se dañó cuando los seres humanos pecamos y que esta necesita ser restaurada. Esta es la meta de la agenda de Dios (1 Jn 3:2) y es por esto que Jesús, el Hijo de Dios tuvo que morir por nosotros en la Cruz del Calvario.

El pecado dañó el “imago dei” y sólo el sacrificio de Jesús en la Cruz del Calvario lo puede reparar. El Dr. Cecilio Arrastía decía que esto es así porque el pecado deshumaniza y solo la Cruz devuelve la dignidad.  El pecado envilece y la Cruz restaura. El pecado descompone y la Cruz transforma.

El pecado enajena y la Cruz reconcilia. El pecado entenebrece y la Cruz ilumina. El pecado nos hace mirar la bajeza y la Cruz nos hace mirar al cielo. Nada como la Cruz para devolvernos las esperanzas y el “imago dei”.” Esto es así porque en la Cruz se trabaja la agenda celestial, la agenda de la reconciliación.

Desde el mismo libro de Génesis podemos observar esa agenda de Dios puesta en función. Una manera de sustentar esta aseveración es el análisis de algunos de los hilos conductuales que encontramos en ese libro y en los otros cuatro libros que componen el Pentateuco (la colección de los primeros cinco (5) libros de la Biblia). Uno de esos hilos conductuales describe las posibles reacciones del ser humano cuando tiene temor.

La Biblia señala que hay una clase de temor que es tóxico, algo que se convierte en una amenaza y obstaculiza nuestra confianza en Dios. Esa clase de temor produce muchos resultados nefastos. A continuación algunos de los resultados de esta clase de temor:

1. Arruina la autoestima

¿Por qué hay tanta gente con baja autoestima que poseen muchas razones para tener buena autoestima?

  • Hacemos las cosas bien y nos criticamos por algo que pensamos mal y solo nosotros lo sabemos
  • Nos estanca y nos no deja reaccionar

2. Arruina el sentido de destino y propósito

  • No podemos experimentar por completo el potencial que Dios nos ha dado
  • Nosotros mismos no nos permitimos desarrollarlo (auto-sabotaje)
  • Miedo a fracasar

3. Arruina el gozo

  • Lo sustituye con ansiedad
    • “¿Y si pasa algo malo?”
    • “¿Y si tenemos un accidente?”
    • “¿Y si se me pierde la cartera?”
  • La perspectiva que brinda esa clase de temor nos roba el gozo

4. Anulamos nuestra disponibilidad ante Dios

  • “No soy lo suficientemente bueno para esto”

5. Perdemos la intimidad auténtica

  • Adán: “tuve miedo y me escondí;”   Nos enmascaramos
  • Oyen a Dios: Reconocimiento          Miedo: culpa
  • Resultado                                      Desnudo y escondido: efecto del pecado

Arrastía decía que el ser humano sintió miedo por primera vez cuando se sintió perdido, cuando su relación con Dios se quebrantó.

En el libro de Génesis encontramos que ese hilo conductual nos lleva a considerar a Adán, a Jacob, a Lea, a Tamar y a José. ¿Qué tienen en común estos personajes? Que todos decidieron enmascararse, pretender ser otra persona, para poder conseguir lo que querían y porque tenían temor de no poder alcanzarlo siendo ellos mismos.

Sir Jonathan Sacks, en su libro “Genesis: The Book of Beginnings, (Covenant and Conversations)” (2009,  Kindle edition) destaca que esta es una estructura que necesita ser analizada si uno quiere realizar lecturas correctas de estos libros.

El primero, Adán quiere ocultar su realidad después de haber pecado, con miedo va y se enmascara y termina viendo que su relación con Dios se ha roto (Gn 3). A Jacob le arropa el miedo de no poder tener la bendición de la primogenitura, va y se enmascara y la consigue, pero esa decisión le lleva a tener que sufrir toda la vida (Gn 27). Lea tiene miedo de no conseguir esposo porque su rostro no es atractivo (Gn 29:17). Ella, con la ayuda de su padre, se enmascara y consigue tener un esposo, pero no consigue el amor de éste (Gn 29:30, 32).

Tamar necesita tener un hijo, porque tiene miedo de ser marginada y dejar de ser vista como un ser humano en la sociedad a la que pertenecía. Su esposo Er, hijo de Judá, había muerto como parte del juicio de Dios. Su cuñado Onán le fue asignado como pareja a causa de una costumbre que luego sería llamada la ley del levirato (asegurar que los varones de la casa del esposo garanticen la progenie de esa mujer para que no quede sola; ver Dt 25:5-10 y Rut 1:1-13). Onán no cumplió con su responsabilidad y murió por esto. Sela era el último de los hijos de Judá. Ante la muerte de sus dos (2) hijos mayores Judá decide no entregar a Sela como marido de Tamar. Es aquí que ella se deja apoderar del miedo. La Biblia dice que Tamar se enmascara y consigue que Judá tenga relaciones sexuales con ella y queda embarazada. Cuando se descubre su embarazo, Tamar es amenazada de muerte por los ancianos de la comunidad. Ella se salva cuando puede presentar las evidencias que identifican al padre de los hijos (gemelos) que espera (cordón, sello y báculo; Gn 38:24-26). Tamar recibe sus hijos, pero se queda sin esposo porque Judá nunca volvió a estar con ella.

José decide enmascararse ante sus hermanos cuando estos llegan a Egipto para comprar alimentos (Gn 42:1-23). Esta decisión es tomada ante el miedo de no saber si ellos estaban arrepentidos del crimen que habían cometido con él cuando lo vendieron como esclavo (Gn 37:13-30). José consigue su cometido, pues descubre que sus hermanos no lo odian, pero su tarea produce resultados incongruentes porque sus hermanos le temen toda la vida.

Sacks argumenta que estos personajes deciden ser conocidos mediante máscaras para no ser reconocidos, para ser tomados en serio o para que se les prestara atención. Es solo mediante estos fracasos que descubren la necesidad que tienen de la presencia de Dios y que nuestro Señor nunca les dejaría solos.

El concepto “persona” proviene del latín. “Persona” en latín significa máscara, personaje, personalidad. Esto es así porque este concepto está amarrado a los roles que ocupamos en la sociedad en la que vivimos, los juegos que jugamos en ella y las maneras que permitimos que esa sociedad nos de forma, nos moldee.

Estas aseveraciones, dice Sacks, van al mismo corazón de la definición de la condición humana que describe el Génesis. Es allí, en Génesis, que Dios comienza a hacernos saber que nosotros no somos la máscara que utilizamos, que somos individuos cuyos pensamientos e intenciones más ocultas son conocidas por el Creador. Nosotros no somos lo que otros puedan o quieran percibir acerca de nosotros. Los creyentes en Cristo creemos que somos lo que Dios conoció de nosotros cuando nos pensó.

Sacks argumenta que la vida de un ser humano no puede ser dramatizada en el escenario de la sociedad. Esta se transa y se afina en los diálogos más profundos que el ser humano puede tener con Dios.[4] Él añade que la idolatría es dañina porque envuelve la imagen física, mental y/o espiritual de un dios en vez de Dios mismo. Esto la hace no-auténtica, falsa. Así mismo son las relaciones humanas que incluyen confundir la apariencia de alguien por lo que esa persona es en realidad. Esto significa confundir la máscara que usa con la persona que realmente es. Al final del camino, dice Sacks, las máscaras y los disfraces no propician relaciones que sanan y nutren, sino una costura de identidades.

Cuando conocemos al Señor descubrimos que no necesitamos máscaras, ni disfraces para poder apropiarnos del valor que tenemos como seres humanos. Ese valor es necesario para hacerle frente a nuestras responsabilidades ante Dios y ante el mundo.

Estamos convencidos de que hace falta un avivamiento para que la Iglesia del Señor sea empoderada en su identidad. Esa Iglesia de Cristo que está bajo su Señorío, que sabe que es Cuerpo de Cristo (1 Cor 12:27; Efe 4:12; 5:23; Col 1:24), familia de la fe (Gal 6:10), familia de Dios (Efe 2:19), templo del Dios viviente (2 Cor 6:16), templo del Espíritu Santo (1 Cor 6:19) de Dios (y pueblo de Dios (1 Pedro 2:10).

Recordemos algunos de los componentes de esa identidad:

9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.  1 Ped 2:9

Pastor Rector Mizraim Esquilín

 

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[1] Wayne Grudem, Systematic Theology (Grand Rapids: Zondervan, 1994), 442–50.

[2] Bruce Ware, “Male and Female Complementarity and the Image of God” (The Council of Biblical Manhood and Womanhood Journal, http://www.cbmw.org/Journal/Vol-7-No-1/Male-and-Female-Complementarity-and-the-Image-of-God).

[3] Anthony A. Hoekema, Created in God’s Image (Grand Rapids: Eerdmans, 1986), 95.

[4] Jonathan Sacks, Genesis: The Book of Beginnings, (Covenant and Conversations)” (2009) Location 5033. Kindle edition