El mover del viento #NotasdelPastorMJ #Ameccda

Una vez escuché decir que si las hojas se mueven es porque el viento está soplando. De cierta forma podríamos relacionar el mover de Dios con este dicho. Al igual que el viento, no podemos ver a Dios, pero sí podemos ver señales y testimonios de su mover en medio nuestro.

Son tantas las ocasiones en las cuales nos preguntamos: ¿Dónde está Dios? A menudo nos hacemos esta pregunta porque sentimos que Dios no está presente o que no le vemos obrar cuando nos enfrentamos a una situación límite. Lo cierto es que a menudo perdemos de vista la operación de Dios en medio nuestro porque estamos buscando verle con “nuestros propios ojos”.

Tenemos unas referencias, unos requisitos, unas necesidades que definen lo que nosotros entendemos que debe ser el mover de Dios en nuestras vidas. Si no se cumplen esos requisitos podemos pensar que Dios no ha respondido. Pero; ¿qué tal si por buscar el viento nos estamos perdiendo el mover de las hojas? ¿Qué tal si no nos estamos dando cuenta de las señales, de los testimonios de la presencia de Dios en medio nuestro?

En un tiempo bien difícil para el pueblo de Judá, el profeta Jeremías decía las siguientes palabras:

Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Jeremías 6:16

El pueblo de Judá se encontraba en medio de una encrucijada y tenía que buscar la dirección de Dios para sobreponerse a los retos de aquella época. De igual forma, en medio de las encrucijadas de la vida, lo mejor que podemos hacer es buscar la dirección de Dios. Bien sea porque estemos atravesando por situaciones difíciles o porque tengamos decisiones cruciales que tomar, la mejor alternativa es detenernos y preguntarle a Dios. Pero hace falta pedir discernimiento del cielo para ver las señales de su operación.

Dios siempre está trabajando a nuestro favor y el conoce la mejor manera para dirigirnos, para satisfacer nuestra necesidad y para enseñarnos en el proceso. En ocasiones va a contestar nuestra petición tal y como le hemos pedido (y mucho más abundantemente de lo que pedimos). Pero en ocasiones no necesariamente va a obrar de la manera en la que hemos pensado. Esto no significa que Dios se haya olvidado de nosotros, sino que en su infinita misericordia El va a obrar para producir el mejor escenario, aquello que le dé mayor gloria y que traiga mayor bendición para sus hijos.

Quizás no puedas ver el viento, pero no dejes de mirar el mover de las hojas. Pídele al Señor que te muestre aquello que no estás viendo y que es parte de su plan. No dejes de disfrutar las señales de su presencia a tu alrededor. El está trabajando a tu favor y cumplirá su propósito en ti.

Pastor Mizraim Esquilín Carrero – #PastorMJ

 

Características de un padre según las Escrituras #HeraldoDigital #Ameccda

La reflexión del 15 de junio del 2014 (día de los padres ese año) fue titulada “El clamor de un padre que sirve al Señor.” Esta reflexión fue basada en el análisis de la parábola del Hijo Pródigo que nos regala el capítulo 15 del Evangelio de Lucas. En ella detallamos algunas de las características que tiene el padre que se describe en el capítulo antes mencionado:

“Estas son las características centrales del padre de esta parábola. Este padre sabe enseñar, sabe ser misericordioso, sabe esperar, sabe escuchar y sabe perdonar. Sus roles y su autoridad como padre son sustentadas por estas características. Quiera el Señor que todos aquellos que nos ejercitamos en el don y el privilegio de la paternidad, podamos hacer nuestras estas características y que esta nos ayuden a ser mejores padres. ¡Feliz día de los padres!”

El Heraldo, Junio 15, 2014

Repasando esa reflexión escrita observamos que hay muchas características que se quedaron en el tintero; esto es, sin discutir. En esta reflexión pretendemos cubrir algunas de estas.

Uno de los elementos fundamentales de la parábola que solo nos regala el Evangelio de Lucas es que el padre de esta parábola no solo es un muy buen proveedor, sino que es fiel con su provisión. La parábola comienza planteando que este padre recibe un reclamo de su hijo menor: “dame la parte de los bienes que me corresponde.” (Lcs15:12b). En ese capítulo se nos hace saber que este hombre tenía tantas operaciones a su cargo que sus obreros estaban clasificados como siervos y/o jornaleros. Aun así, este padre no titubeó en poner sobre la mesa la parte que le correspondía a cada uno de sus hijos. La Biblia dice que él les repartió los bienes (Lcs 15:12c).

Un padre que quiere parecerse a Dios necesita entender que las porciones que pertenecen a los hijos siempre tienen que estar preparadas y dispuestas. En este aspecto, este hombre se parece a Dios en su rol como Padre. Dios posee operaciones y labores infinitas. Aun así no vacila en tener disponible para sus hijos todo lo que nosotros necesitamos; y siempre lo hace en el momento correcto.

¿Qué cosas nos provee Dios? Esta pregunta puede ser considerada como un cuestionamiento innecesario, pero no lo es. La Biblia dice en Gn 22:14 que Él es Yavé-jireh, Dios nuestro proveedor. Dios como padre nos provee el poder para que ganemos nuestro sustento (Dt 8:18). Sin embargo, en su rol como padre Dios nos provee cosas mucho más importantes que las riquezas. Nuestro Padre Celestial nos provee una bendición que hace que nuestra copa rebose (Sal 23:5).

Un padre que quiere parecerse a Dios tiene que entrenar a sus hijos para que aprendan a ganar el sustento necesario para la vida. Pero no puede detenerse allí. Ese padre necesita saber que Dios le da la capacidad para dirigir los corazones de sus hijos hasta que estos rebosen con la presencia de Dios.

¿Qué cosas nos provee Dios? La Biblia dice que Dios nos provee el tesoro de su bondad (Sal 31:19) y una fiesta espiritual sin precedentes para todos aquellos que confían en Él (Mat 22:4). Además, Dios nos provee una herencia incorruptible (1 Ped 1:3-4) y un hogar celestial e incólume (sano, sin lesión, Jn 14:1-2).

Un padre que quiere parecerse a Dios debe ganar la confianza de sus hijos al punto que ellos no vacilen en acudir a este cuando lleguen las angustias y las luchas que producen grandes tristezas. El salmista describe que ese es el ambiente que le provocó refugiarse en la bondad de Dios (Sal 31:9-17). Esa “bondad” (tûb, H2898) define el superlativo concreto de aquello que es lo mejor. Significa además gozo, belleza y bienestar. El padre que quiere parecerse a Dios procura constantemente que Dios le ayude para que sus hijos vean estas cualidades en su corazón. Esto se hace insustituible particularmente cuando los hijos enfrentan sus propias dificultades. La Biblia nos enseña que la bondad es fruto del Espíritu (Gal 5:22). Ella también nos enseña que se debe orar por esto.

11 Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, 12 para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.  2 Tes 1:11

​Un padre que quiere parecerse a Dios procura que sus hijos aprendan que la herencia más importante a la que deben aspirar es a la del Reino de los cielos. Esa herencia está preparada para los hijos de Dios que han aprendido el valor del servicio. Los hijos que aprenden esto también aprenden a ser bondadosos con los demás.

34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38 Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39 O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.  Mateo 25:34-40

Un padre que quiere parecerse a Dios procura que sus hijos anhelen habitar en las mansiones celestiales y que estos procuren siempre buscar el rostro de Dios. Esto es así porque hay características de Dios que sólo Él puede tener. Veamos algunas de ellas:

  • Dios como Padre siempre nos da de manera que sobreabunde. (Joel 2:24; Mal 3:10; Mat 14:20; Lcs 6:38)
  • Dios como Padre nos cubre con su amor (Ex 33:22; Sal 57:1; Isa 25:4; 51:16; Mat 23:37)
  • Dios como Padre es Guardador constante de sus hijos (Gen 28:15; Sal 121:4; Jn 17:11; 2Tim 1:12)
  • Dios como Padre preserva y guarda a los fieles (Det 6:24; Sal 31:23;37:39; Pro 2:8; 2Tim 4:18)

Un padre que quiere parecerse a Dios es entonces un buen proveedor. Un padre que quiere parecerse a Dios posee un espíritu generoso.

El padre de la historia que nos narra Lucas en el capítulo 15 de su Evangelio tenía un espíritu generoso. Ese espíritu le llevaba a correr riesgos con sus hijos. Regularmente se espera a que uno se muera para repartir las herencias. Este padre definitivamente se arriesgó.

​Un padre que quiere parecerse a Dios se preocupa por el bienestar de sus hijos. El padre de esta historia le dio los espacios necesarios a sus hijos para que tomaran sus decisiones y expresaran abiertamente lo que sentían. Sin embargo, sabemos por el texto bíblico que esperaba el regreso al hogar de su hijo menor (“y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia,” Lcs 15:20).

Lo dijimos en el 2014 y lo repetimos aquí: un padre que quiere parecerse a Dios sabe ser movido a misericordia y sabe perdonar. El padre que describe el capítulo 15 de Lucas corrió a recibir a su hijo y lo escuchó sin interrumpirlo. El padre que se describe en Lucas 15 besó a su hijo porque fue movido a misericordia y no se avergonzó de hacerlo. El padre que se describe en Lucas 15 aceptó a su hijo en su hogar y lo reintegró a su familia.

Un padre que quiere parecerse a Dios vence su orgullo y sabe regocijarse con estas historias de arrepentimiento y reconciliación.

​Hoy celebramos el día de los padres y es nuestra oración que el Señor bendiga y ayude a todos los padres que leen esta reflexión. Oramos para que el Señor les conceda tener un corazón conforme al corazón de Dios y así conseguir ser padres que procuran parecerse a Dios.

 

Pastor Rector Mizraim Esquilín – Iglesia AMEC Casa de Alabanza

 

¿Cuál es la fuente de tú felicidad? #NotasdelPastorMJ #Ameccda

Cuenta la historia de dos hombres que convalecían en una habitación de un hospital. El que estaba cercano a la ventana le contaba a su compañero de cuarto acerca de las cosas maravillosas que se podían ver desde esa ventana. El otro, quien se encontraba un poco retirado de la ventana y no podía divisar nada, recibía las historias con un poco de envidia (al no poder tener la oportunidad de ver nada) pero a la vez con gran disfrute.

Todos los días, el paciente de la ventana le contaba al otro acerca de los amaneceres hermosos, los atardeceres impresionan-tes, los niños jugando alegremente en el parque, las comparsas y los desfiles llenos de algarabía que se divisaban a través de aquella ventana. Una mañana, entró una enfermera a la habitación de ambos y se dio cuenta de que el paciente cercano a la ventana había fallecido. Entristecido, el otro paciente le pidió a la enfermera si podía relocalizarlo cercano a la ventana; al menos tendría la oportunidad de ver personalmente todas aquellas cosas que su compañero de cuarto le contaba cuando estaba en vida. Para su sorpresa, cuando le relocalizan a la ventana lo único que se podía ver era una pared de un pasillo interior. No se podían divisar ninguna de aquellas estampas que a diario el escuchaba. Se dio cuenta de que su compañero de cuarto imaginaba todas esas cosas y se las contaba para traerle felicidad.

Relato esta anécdota para poner en perspectiva algo de lo cual todos debemos reflexionar ¿Cuál es la fuente de nuestra felicidad? A menudo le ponemos especificaciones a nuestra felicidad. Pensamos que seremos felices cuando logremos nuestras metas académicas o profesionales. Seremos felices cuando obtengamos la provisión o la salud que necesitamos. Quizás seremos felices con esa relación o con ese rol en la vida que tanto deseamos o con esa posesión material que tanto anhelamos. Sin embargo; ¿qué tal si no es en eso que radica la verdadera felicidad? El apóstol Pablo hizo una aseveración al respecto; palabras que han sido grabadas para la historia en el libro de Filipenses.

He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Filipenses 4:11

En este verso se presentan varias verdades poderosas.

  • La primera es que la felicidad plena requiere un proceso de aprendizaje. Hay que aprender a contentarse. Es esencial ese proceso de aprendizaje porque no siempre vamos a poder obtener todo lo que anhelamos ni en el momento en que lo anhelamos. Pero eso no debe agotar nuestra felicidad. Eso requiere aprendizaje.
  • La otra verdad poderosa es que podemos ser felices, no importa nuestra circunstancia. Con nuestra Fé puesta en aquel que promete plenitud de gozo, podemos ser felices, aún en medio de las situaciones difíciles de la vida.

¿Qué necesitas para ser feliz? Más que elementos externos, del alma, del cuerpo, temporales o permanentes; más que todo eso, necesitas a Jesús. Pídele que desarrolle en ti ese proceso de aprendizaje; para que puedas tener felicidad plena no importando tu situación.

 

Pastor Mizraim Esquilín Carrero – #PastorMJ

 

Sopla el viento: nuestra identidad en Cristo es refinada (X) #HeraldoDigital #Ameccda

Las reflexiones anteriores nos han permitido repasar los métodos que usa el Espíritu Santo para provocar que se refine esa nueva identidad que tenemos en Cristo Jesús (2 Cor 5:17). En esas reflexiones hemos echado mano del capítulo cinco (5) del libro “El Despertar de la Adoración.” En ese capítulo se describen seis (6) de los fuegos que Dios utiliza para refinar la vasija que Él ha formado con sus manos. [1]

“El adorador-barro, ya moldeado tiene que ir a los hornos de Dios. La frase está en plural, pues como veremos en el transcurso de este capítulo, hay más de un fuego divino descrito en las Sagradas Escrituras. Lo que es seguro es la necesidad que tenemos de ir a esos hornos. Si decidiéramos no hacerlo, habremos echado a la basura todo el esfuerzo del Gran Artista. Nuestra capacidad para el servicio, la capacidad para contener sustancias y materiales difíciles para hacerlo, la durabilidad, la belleza y el largo de vida de la vasija se habrán reducido drásticamente. Nuestra fragilidad no nos permitirá ser útiles. Créame, hay adoradores así en nuestras iglesias. No pueden ser usados por Dios. Su fragilidad no se los permite. Es el producto de no querer aceptar los fuegos de Dios y no poder “leer” la voluntad agradable y perfecta de Dios en cada uno de esos “hornos.”

Con el propósito de mantener el control y el balance de esta área del libro, nos limitaremos a considerar seis tipos de fuegos divinos que considera la Palabra de Dios. El primero de ellos lo encontramos en la lectura de Isaías 64:1-2;

1“¡Oh, si rompieses los cielos y descendieras, y a tu presencia se escurriesen los montes , 2 como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas, para que hicieras notorio tu nombre a tus enemigos, y las naciones temblasen a tu presencia!”

Esa lectura describe uno de los fuegos divinos más poderosos y efectivos: la presencia de Dios. Creo que no existe elemento alguno en todo el universo que pueda comparársele. No existe criatura que pueda permanecer en pie frente a ella. Veamos algunos ejemplos bíblicos. Uno de los personajes más interesantes de las Sagradas Escritura lo es Moisés. Este siervo de Dios tenía muy claro lo que significaba la presencia de Dios. Aún más claro tenía su necesidad de ella. En Éxodo 33:14 Jehová Dios se compromete con Moisés a mantener junto él Su presencia y a darle descanso. La respuesta de Moisés en el verso 15 parece más un grito que a una frase calmada:

….Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.

En ese mismo capítulo se nos hace saber acerca de la petición atrevida que este siervo de Dios se arriesga a hacer. Él quería ver la gloria del Dios de Israel. Esta es una petición que sólo puede hacer alguien que habla con Dios de la manera en que Moisés lo hacía. El resultado de esa petición contestada aparece en Éxodo 34:29-33. El rostro de este hombre brillaba.

La enseñanza que reside detrás de esta experiencia es: todo el que está al alcance de la presencia de Dios será transformado. En otras palabras, nadie que haya estado en la presencia de Dios podrá seguir siendo el mismo. Y es que la presencia de Dios es como un fuego que quema mientras nos confronta.

Para intentar tener una idea un poco más concreta, recordemos las palabras que le dijera el rabino Yeshua ben Chayana al emperador Adriano, cuando éste le pidió que le dejara ver a Dios. La respuesta del rabino fue invitarle una mañana a mirar el sol. Cuando el emperador le dijo que no podía hacerlo, el rabino inmediatamente le dijo que cómo era posible que Adriano quisiera ver a Dios si no era capaz de siquiera mirar una de las creaciones divinas[2].

Así es la presencia de Dios. Es quemante, es abrasadora. Acercarse a ella es como haberse vestido en un cuarto oscuro y de pronto salir a la claridad del sol. Allí nos damos cuenta de todas las imperfecciones que tiene nuestro ropaje. Así es la presencia de Dios. Nos confronta con nosotros mismos. Nos vemos tal y cual somos.

Pero también nos vemos tal y como Dios quiere que seamos. Eso es realmente impactante. Le concede al adorador-barro un derrotero, una meta que alcanzar. Le provee al adorador-barro conocer las expectativas que tiene Dios con nosotros. Digo nosotros, pues veremos que la revelación divina siempre privilegia la edificación de la comunidad de fe por encima de las expectativas individuales. Y el que “choca” con la presencia de Dios, lo acepta con gran gozo y alegría.

Es importante subrayar que no pretendemos dibujar una imagen de Dios que resulte amenazante para los creyentes. Como cristiano y como pastor estoy seguro de que una de las premisas básicas del evangelio es que la presencia de Dios es atractiva. Creo que es correcto decir que es una presencia “atractivamente quemante”. Para demostrar este punto, imaginemos que podemos entrevistar a Juan en la isla de Patmos luego de la visión del Apocalípsis. ¿Cómo contestaría una pregunta acerca de las características e impresión que tuvo al contemplar a Aquél que se llamó a sí mismo Alfa y Omega?

Estoy seguro que veríamos cambiar la expresión de su rostro y para la mayoría de nosotros sería suficiente que dijera que lo vio en medio de siete candeleros. Suficiente como para que empezáramos a recitar los versículos de Apocalípsis 1:13-19. Es importante destacar que por razón de nuestras limitaciones lingüísticas, Juan muy bien sólo ha podido describirnos una fracción de la visión en su totalidad. Aun así, me resulta interesantísimo la cantidad de elementos que él ve que son como el fuego. Aquello de lo que el Señor se rodea, sus ojos, su rostro. Aún sus pies, como bronce bruñido hablan de altas temperaturas y de calor.

Es glorioso que la reacción del vidente de Patmos confirme la tesis antes expuesta. La presencia del Señor, le habrá hecho desvanecer y caer como muerto, pero la diestra de Aquel que vive para siempre se puso sobre él inmediatamente y le dijo; “No temas….”

Este análisis no es nuestro en su totalidad. Parte del mismo se lo hemos pedido prestado a un cantor de Israel; el compositor  del Salmo 16. En ese salmo el verso 11 dice;

Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.

Entonces, es correcto afirmar que la presencia del Señor es un fuego agradable. Que de cierto quema y nos hace desmoronar frente a Él, pero al mismo tiempo nos levanta, nos anima y nos estimula a no perder la confianza, a no temer. Y es de esto que se tratan los procesos que vienen de parte de Dios: son siempre edificantes. No quiero que entienda que estoy defendiendo un evangelio sensorial, esto es un evangelio de sentir para entonces actuar. Personalmente he atravesado por situaciones en las que no he “sentido” a Dios. Pero estoy seguro de que ha estado allí conmigo.

El propósito de hablar de esta presencia santa es subrayar la necesidad de estar siempre conscientes de que el Señor siempre estará con nosotros, y de que su obrar en nosotros nunca se detiene. Entonces, la proposición es que esa presencia constante tiene que provocar transformaciones en todos los creyentes, que reafirmo las palabras del apóstol Pedro en Hechos 3:18;

“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.”

 

Pastor Rector Mizraim Esquilín

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[1] Mizraim Esquilín, El Despertar de la Adoración, 1995, Miami, Editorial Caribe, pp.77-80.

[2] A. Cohen, Everyman’s Talmud, [El Talmud de cada hombre], Nueva York, Schocken Books, 1949, p.3.

 

 

Regresa al abrazo del Padre #NotasdelPastorMJ #Ameccda

Un abrazo puede enseñar más acerca del significado de la vida, que docenas de tomos de filosofía humana. Esto lo escuché de labios de Ravi Zacarías, uno de los teólogos y defensores del evangelio más reconocidos de este tiempo. Estoy convencido de esto, no solo de oídas sino en la práctica. Mi parte favorita del día es llegar a mi casa, abrir la puerta y ver a mi hija y a mi hijo correr hacia mí y enroscarse en mis brazos. No importa el día que haya tenido, ese momento siempre alegra mi corazón.

A menudo, las memorias que más valoramos tienen que ver con relaciones. Reflexiona un poco acerca de esto. Es bien común que los momentos que resaltan en nuestra mente y en nuestro corazón se dieron en compañía de personas a las cuales valoramos o estimamos de forma particular. Esto es así porque el ser humano fue diseñado para relacionarse. Uno de los peligros más grandes de esta época es el aislamiento. Cada vez más la tendencia es hacia el individualismo, a encerrarnos en nuestro propio mundo y alejarnos de los demás. Esa desconexión va en contra de lo que Dios desea para nosotros. Por eso es importante congregarnos, habitar juntos en armonía en la casa de Dios como dice el salmista. Pero de igual forma, es vital establecer una relación íntima con Dios.

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Santiago 4:8

Dios es un Dios de relaciones. Tan es así que la Biblia no dice que de El fluye amor; la Biblia dice que El ES AMOR. Dios desea relacionarse con nosotros. Es esa relación lo que verdaderamente transforma, mucho más que conceptos religiosos. Pero; ¿cómo podemos relacionarnos con un Dios al cual no le dedicamos el tiempo y el cariño necesario? No nos damos cuenta cómo esto nos afecta a diario. Vamos en nuestra travesía, buscando el significado y el propósito de vida que se nos ha escapado, sin comprender que esto solo se puede conseguir en el abrazo del Padre. Tenemos que regresar al abrazo del Padre, establecer una relación cada vez más profunda con Dios. El abrazo del Padre, esa experiencia personal con su amor, puede enseñarnos mucho más acerca de los propósitos de la vida, que cientos de tomos de escritos humanos.

¿Te sientes perdido o perdida, sin rumbo o sin la dirección que necesitas para dar el próximo paso? ¿Sientes que tus proyectos de vida se estancan o que simplemente no conducen a nada significativo? ¿Sientes que el tiempo corre y no avanzas en una dirección que añada valor a tu vida?

Regresa al abrazo del Padre. Deja que en su amor, Dios defina su plan para contigo. El Dios de las relaciones desea establecer una relación cada vez más profunda contigo, para que encuentres propósito, aún en medio de las circunstancias más difíciles que puedas estar enfrentando. Si son las relaciones lo más significativo de la vida, cuando pasen los años, seguramente vas a querer tener en tu memoria los testimonios de la relación más significativa que puedes tener. El Dios de los cielos desea establecer una relación contigo. ¿Y tú, deseas hacer lo mismo con El?

 

Pastor Mizraim Esquilín Carrero – #PastorMJ

 

Sopla el viento: nuestra identidad en Cristo es refinada (II) #HeraldoDigital #Ameccda

​En la reflexión anterior comenzamos a repasar los procesos de santificación a los que somos sometidos. Decíamos allí que estos son métodos que usa el Espíritu Santo para provocar que se refine esa nueva identidad que tenemos en Cristo Jesús (2 Cor 5:17). Para agilizar este análisis hemos echado mano del capítulo cinco (5) del libro “El Despertar de la Adoración,” capítulo en el que se describen seis (6) de los fuegos que Dios utiliza para refinar la vasija que Él ha formado con sus manos.

Los vasos de barro aparecen en la Escritura con una gama de usos. Por ejemplo, en Génesis 24:14, para cargar agua. En Éxodo 16:3, para colocar la carne. En Números 7:85, como utensilio ofrendado a Dios para estar en el altar. En 1 Samuel 10:1, para aceite de unción y en 1 Reyes 17:14 para aceite de comer y para harina. En Jeremías 32:14, para guardar un mensaje sellado de parte de Dios.

​¿Puede usted inferir algunos usos que sean paralelos a los antes descritos? Los nombres son variados, cántaro, olla, jarro, redoma, tinaja y vasija. Pero el “Gran Artista” es uno sólo. Él puede determinar e implementar una variedad de técnicas y mecánicas en los adoradores, y puede decidir crear una multiplicidad de piezas de alfarería. Pero hay algo que jamás cambiará: el Dios que hizo los cielos y la tierra será siempre fiel a sus promesas. Él ha prometido derramar su Santo Espíritu sobre sus siervos y lo seguirá haciendo. Él ha prometido usar esos siervos como vasos de honra, y lo seguirá haciendo. Él ha prometido que la fusión de ambas promesas resultará en que nuestras copas rebosarán de gozo y de su presencia, y lo seguirá haciendo.

Algunos de los adoradores-barro serán usados como canales de bendición para llevar refrigerio del Espíritu a miles de hombres y mujeres que están sedientos de la presencia de Dios. La mayoría de ellos andan temerosos de comprometerse con el Señor. Sus temores han surgido de la ignorancia en la que están sumidos. Necesitan de adoradores-barro que estén dispuestos a tolerar con alegría y gracia “exigencias” e interrogantes humanas que ellos plantearán desde su miopía espiritual; incapacidad óptica del espíritu de ellos que no les ha permitido contemplar la gloria del gran Alfarero.

Como Rebeca e Isaac, hay que permitir que Dios nos moldee, hay que asegurarse de que nuestro ser rebosa Palabra buena (Salmo 45), y estar preparados para dar desde lo profundo de nuestro ser aquello con lo que hemos sido llenos. ¿Es su vida un refrigerio espiritual para otros? Como adorador-barro, ¿está consciente de sus responsabilidades ante Dios? ¿Se ha examinado y le ha permitido a Dios hacerlo de modo que no haya duda de que conoce lo que está llenando su ser interior? ¿Es usted instrumento de bendición para otros?

La peor respuesta que se puede dar a preguntas de este tipo no es la negativa. Quien responde de manera negativa a estas preguntas, al menos conoce su situación y está consciente de que tiene que hacer algo para resolverlo. La peor respuesta a preguntas como estas es la que esgrimen aquellos que dicen aún no saber cuál es su misión y pretenden descubrirlo en la inercia espiritual. Esto es, no preocuparse por participar en actividades y procesos que Dios nos presenta para que podamos estar listos a responder a su llamado.

Otros adoradores-barro son comisionados por Dios para “alimentar” y llevar “alimento” de todo tipo a los lugares en los que hay necesidad. Recordemos que la Palabra señala una bienaventuranza para aquellos que tienen hambre y sed de justicia (Mateo 5:6). ¿Cómo Dios saciará esta hambre y esta sed? ¿Qué mecanismo o procedimiento empleará para conseguir cumplir esta promesa? ¿No le parece que en tanto y en cuanto estemos listos para hacer Su voluntad, Dios optará por usar a sus siervos?

No creo que Dios se regocije más que cuando puede ver que una de sus “ollas” está cumpliendo con las especificaciones y expectativas para las que fue creada. Hemos sido llamados a llevar Pan de Vida y Agua que salta para vida eterna, a fin de satisfacer el hambre y la sed de aquellos que necesitan a Dios.

Dentro de todas las funciones que podemos seguir enumerando, hay una que reviste una importancia suprema para las necesidades de este tiempo. Estoy convencido de que Dios está comisionando muchas vasijas, ánforas y cántaros para que lleven aceite de unción de parte del Espíritu a tantos y tantas que necesitan ser ungidos con éste. Nuestra generación ha sido testigo de una de las ofensivas más despiadadas por parte del enemigo, desatada con el propósito de fragmentar el Cuerpo de Cristo. El resultado es obvio: miles de heridos y lesionados en el alma, el entendimiento, el corazón y en sus ministerios. Hace falta aceite fresco que pueda ser derramado sobre las heridas de todos y cada uno de ellos. El cielo ha puesto a nuestra disposición esa gracia divina. Ahora son necesarios los instrumentos para llevarla doquier haga falta.

Estoy hablando de un ejército de adoradores-barro dispuestos a ungir con sus testimonios las vidas y los corazones de los abatidos del corazón y heridos del alma. Adoradores-barro que estén dispuestos a pensar menos en las bendiciones que pueden alcanzar a través de los ministerios que les han encomendado. Que piensen menos en “lo grandes” que serán esos ministerios y se lancen sin temor a gastarse por el Señor. Ungiendo con sus vidas y con sus testimonios a miles de personas que yacen heridas por experiencias acumuladas siguiendo unos modelos equivocados.

Sé que muchos lectores expresarán que estos serán siempre los resultados que se obtendrán al seguir modelos humanos. Estoy convencido de que están en lo correcto. Pero como pastor no puedo minimizar el grado de responsabilidad que tenemos como iglesia, al conceder un alto nivel de permisibilidad al desarrollo de campañas publicitarias que promueven filosofías evangélicas que giran alrededor de modelos humanos y no el cristocéntrico. No solo les concedemos un alto grado de permisibilidad, sino que muchas veces intentamos pasar por alto hasta los efectos. Es por esto que debemos ser tiernos y sabios con todos los sectores en los que pueda haber gente afectada.

La actividad creadora de Dios con el adorador-barro no concluye con la formación de la vasija. En el momento en que concluye la parte manual, se comienzan a dar los primeros pasos para la parte más difícil de esta jornada: el horno de fuego.

En el caso de la porcelana, el horno a usarse deberá tener unas especificaciones algo complicadas. Por ejemplo, la porcelana china que hemos usado de referencia en este trabajo tiene que ser quemada en un horno que alcance 2650°F (1450°C).

Es curioso, pero al realizar la investigación para este libro, encuentro que existen tres tipos principales de porcelana a saber;

  • la de pasta dura, hecha de una roca china llamada “petuntse”, molida y mezclada con kaolina
  • la de pasta suave, llamada artificial
  • la de “hueso chino” (“bone china”)

La porcelana artificial llevó al descubrimiento de un método que permitía bajar la temperatura del horno. La mezcla de vidrio con barro hace eso posible. El problema reside en el producto final. A diferencia de la porcelana dura, esta mezcla y esta “baja” temperatura hará que el producto final pueda ser cortado con casi cualquier objeto filoso y las manchas y el polvo sólo podrán moverse con mucho trabajo y esfuerzo. Tal situación no le acontece al producto genuino. Nada lo corta con facilidad y las manchas en su superficie son removidas con una facilidad impresionante.

Veamos esto en detalle. La porcelana dura se beneficia de que la roca molida se convierta en una capa vidriosa sólida al exponerse a esas temperaturas. Y la kaolina asegura que el producto mantenga el cien por ciento de su forma. Nada, que es mejor pasar un poco más de trabajo y que el producto final sea una obra de arte en todo el sentido de la palabra. Arriesgarse a lo otro puede significar una obra de arte demasiado susceptible al ambiente y un poco distorsionada, pues no se garantiza que mantendrá la forma exacta que le dio el artista.

Lo diremos en una sola frase. Es menester ir al horno de fuego. Algunas personas que han sido expuestas a este material me han confesado haber experimentado un grado de temor junto con la presencia edificante del Dios vivo. Luego han llegado a la conclusión de que se trata de ser confrontados realmente con la pérdida del autocontrol y el requerimiento divino de tener que cederlo todo al Alfarero. Si este fuera su caso, le invito a orar antes de seguir adelante. En su oración pídale a Dios que alumbre los ojos de su entendimiento y el de los otros lectores. Pida también convencimiento para cederle completamente al Alfarero su vida entera, sin reservas. Le puedo adelantar el resultado: usted se preguntará más de una vez porque no lo hizo antes.

 

Pastor Rector Mizraim Esquilín – Iglesia AMEC Casa de Alabanza

 

 

¿Qué estamos llevando por dentro? #NotasdelPastorMJ #Ameccda

Hay un dicho de la India que dice: “Aquello que se te está desbordando se va a derramar cuando choques con alguien”. Este dicho en su significado literal se refiere a aquellas personas que transitan por las calles, cargando en sus brazos o sobre sus cabezas grandes cantidades de líquido para consumo. En medio de la muchedumbre, si tropiezan con alguien, el contenido de lo que llevan se puede derramar. Pero realmente, este dicho es una analogía muy acertada de lo que es el carácter. Aquello que llevamos por dentro, aquellos rasgos que definen lo que somos, eso es carácter.

A menudo, cuando tenemos situaciones difíciles (especialmente todas aquellas que envuelven algún tipo de relación humana) lo que llevamos por dentro va a salir. Es ahí cuando más claro se revela nuestro carácter. Si nuestro corazón está lleno de ansiedad, coraje o temor; eso es lo que vamos a dejar salir cuando enfrentamos tiempos difíciles. En cambio, si nuestro corazón está lleno de la presencia de Dios lo que va a salir de nosotros es gozo y paz, aún en medio de la prueba.

La Biblia habla acerca de la receta perfecta para construir el carácter:

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo:  ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres  Filipenses 4:4-5

Los “choques” de la vida son inevitables. Tarde o temprano vamos a enfrentar situaciones que desearíamos no tener que enfrentar. Pero lo que si podemos decidir es de qué nos llenamos por dentro.

Necesitamos más del gozo del Señor para reflejar alegría, necesitamos más de su presencia para mantener la calma, más de su Palabra para tenerla a flor de labios, más de la canción del cielo para que nos transforme con su melodía. Lo que llevamos por dentro se va a desbordar cuando enfrentemos situaciones difíciles. Entonces tenemos que preguntarnos: ¿Qué estamos llevando por dentro? ¿Cuánto de eso estamos llevando por dentro? Para que nuestra gentileza sea conocida por todos, para que nuestro carácter sea bien edificado, necesitamos más de la presencia de Dios en nuestras vidas. Entonces lo que se va a derramar desde nosotros hacia los demás, les va a bendecir.

Pastor Mizraim Esquilín Carrero – #PastorMJ